Conexiones

Un blusero más en esta selva de cemento… llamada Santiago de Chile.


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En los Ojos del Cambio

Uno de los elementos que permanentemente me llaman la atención, y que asocia directamente lo educativo y lo social, pasando por lo biológico en alguna medida, es el comportamiento que las personas tienen en relación a los otros, en forma de externalizar sus vidas, vivencias, emociones y afectos. Desde los núcleos familiares, existen ciertos códigos que están presentes de forma transversal, ya sea desde la más rica a la más pobre, sea que viva en las grandes ciudades o en las zonas más apartadas del país, y ésta se asocia a la forma en la cual somos capaces de vincularnos con los demás, que más allá del contexto existente, está en cierta manera definida como un elemento propio del ser humano.

Somos una especie intrínsecamente gregaria, social, que interrelaciona y combina sus elementos internos en proyección con la interacción que tenemos permanentemente y a diario con otros seres humanos. Nos definimos claramente desde los demás, y junto con ello, construimos nuestra estructura emocional, afectiva, psíquica y motivacional. Pero en tiempos de alta tecnología, de una aldea global que nos comunica en tiempo real con millones de personas (para los afortunados con acceso a dicha tecnología, dicho sea de paso), con una irrupción casi demencial de las redes sociales, en las cuales se expone la vida completa de los sujetos, con el afán de lograr alguna valoración positiva que alimente un ego probablemente débil y con una autoestima baja, se posiciona de una manera incierta, la forma en la cual convivimos las personas diariamente.

Sin duda alguna, existen elementos propios de estos tiempos, que nos llevan a analizar el escenario que actualmente tenemos para una gran parte de la población. Por un lado, una educación de mala calidad, tanto para los más ricos como a los más pobres. Pero cuando digo mala calidad, hago referencia a esa demencial estructura y arquitectura educativa que tiene por foco la lecto-escritura y el razonamiento lógico-matemático, que desprecia lo emocional y afectivo, lo valórico, y que solo se rige por pruebas estandarizadas y objetivos independientes del contexto del ser humano que está aprendiendo en las aulas. Eso, sin duda marca un par de generaciones que hoy en día, no son capaces de razonar y reflexionar el mundo que viven, son manipulables, manejables como jamás en la historia moderna. Una sociedad de masas que a diferencia de los siglos XIX y XX, no es solo la más pobre, sino que abarca de forma completa a todos los estratos sociales de la sociedad.

Por otro lado, qué duda cabe que el shock de la tecnología y el conocimiento en sociedades que carecen de marcos adecuados para la readecuación de esos abruptos cambios, generó que los individuos simplemente se instrumentalizaran a partir de los distintos mecanismos de comunicación existentes. Prueba de ello es que muchos adultos se acostumbran a creer ideas erróneas como que su hijo(a) de 5 años es altamente inteligente, porque desbloqueó su celular (cosa que en realidad, es solamente acertar un patrón determinado y que puede ser probabilísticamente calculado). Ello, sumando a que éstas generaciones sometidas a los sistemas escolares antes señalados, perdieron los elementos tradicionales de formación parental, y que por tanto, carecen de herramientas básicas de crianza. Una situación que en tiempos actuales, se torna francamente dramática en algunos sectores y lugares.

Finalmente, es claramente importante como tercer aspecto, que estamos en tiempos donde la modernidad ya no responde a los desafíos y cambios sociales que el siglo XXI demanda. Algunos le llaman “postmodernidad”, a este momento de intenso cambio y apego a todo aquello que nos permita sobrellevar este “huracán” de transformaciones, en todas las áreas y sectores. Hemos dejado de creer en los demás, la pérdida de confianza es enorme en ciertas sociedades, pero a la vez nos unimos a campañas mediante internet, que evidencian cierta empatía global que sorprende cada día más. Somos una sociedad de contradicciones, como la vive un adolescente que está rumbo a ser un adulto. Exigimos libertad y autonomía (aunque para muchos, se sustenta en una visión filosófica de los siglos XVII y XVIII), pero somos incapaces de tener una vida privada, ventilando cada instante y momento personal a través de diversas plataformas de redes sociales. Personas que necesitan de la aprobación de los demás para redefinir su auto concepto y autoestima, pero que hablan de luchar por lo privado y su metro cuadrado.

Son tiempos violentos. Son tiempos extremos. Pero en donde las personas necesitan refugiarse en aquello que pueda darles la mínima seguridad para afrontar los cambios y desafíos existentes. Algunos, serán arrastrados por este “shock” como diría Toffler, pero habrán otros que forjen nuevos caminos y senderos del desarrollo humano.

Quiero creer, y en realidad es una mesura amparada en los procesos humanos que han ocurrido en los últimos siglos, que la especie humana está encontrando su camino en el cosmos. Quizás, y es muy probable, ni mi generación ni la siguiente, sea capaz de visualizar el futuro que la especie y la sociedad tengan. Probablemente no seamos capaces de adivinar ni remotamente lo que viene, pero si hay algo que tengo la certeza, es que todo lo que estamos viviendo y experimentando hoy en día, redefinirá para siempre a la especie humana, ya sea para bien o para mal.


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Educación y Neurociencias: ¿Puentes a una tierra desconocida?

Durante los últimos días, he estado profundizando bastante sobre una de las inquietudes que durante éstas semanas me ha venido a la mente reiteradamente, y es esencialmente sobre cómo podemos establecer una conexión entre los elementos que definen la neurociencia cognitiva y la educación, más aún cuando el proceso de enseñanza-aprendizaje, está determinado por aspectos tanto macro como micro en lo que hace referencia a que el aprendizaje está asociado a factores sociales, culturales y socioeconómicos. El acto de aprender, sin duda alguna se halla en la generación de conexiones neuronales nuevas, duraderas y que se almacenan en la memoria de largo plazo del cerebro, mediadas por el sistema DAS ( Deseo – Acción – Satisfacción). Sin embargo, a este nivel (escala micro), los elementos que permiten la comprensión de los fenómenos presentes, están marcados por procesos neurobiológicos y químicos, determinados por interacciones entre regiones del cerebro, de forma modular, accionando diferentes procesos y que generar las condiciones para que de forma consciente, podamos generar el acto de aprender como seres humanos. Ahora bien, al subir de nivel, a algo que podemos llamar como “escala meso”, encontramos (creo yo), las manifestaciones locales de lo anterior, como el aprendizaje por observación o imitación a través de las neuronas espejo (pienso en la teoría de aprendizaje de Bandura), todavía a escala inconsciente, generando el escenario para un aprendizaje más consciente y socialmente amplio, lo que llamo “escala macro”. Es acá donde ya entran en juego la psicología y la educación, e incluso en niveles más altos, la sociología, cuando hablamos de las interacciones en el conglomerado social existente.

No lo sé bien, pero creo que esto se asemeja mucho a la comprensión de fenómenos físicos desde una mirada relativista o desde la mecánica cuántica. Sabemos que para escalas pequeñas, las leyes de la mecánica cuántica son adecuadas, no así la relatividad general; asimismo, para escalas astronómicas la relación es inversa. O de alguna manera, lo que James Clark Maxwell vió en el siglo XIX como un sólo fenómeno al mirar las leyes de la electricidad y el magnetismo. De igual manera, creo que el “aprendizaje” y en especial el “aprendizaje significativo” (Ausubel), tienen mucho que ver con un tema de “escalas”. El entendimiento del fenómeno según la “escala” respectiva, puede darnos buena luz para su comprensión interrelacionada. El aprender no es reducible a las teorías de aprendizaje psicológicas o a los diversos postulados de la teoría pedagógica, por que el ser humano tiene escalas o dimensiones operativas, desde lo genético a los comportamientos externos, medibles y evaluables.

La pregunta que me surge entonces ante ello, es como establecer un enfoque sistémico-integral del proceso de aprendizaje, que permita asociar y vincular las disciplinas de la neurociencia cognitiva, pedagogía, psicología y sociología, en una escala respectiva desde lo micro a lo macro. Ese es el desafío realmente. Por ahora, no lo sé, pero buenas luces he tenido a través de los profesores Donna Coch de la Universidad de Dartmouth, en Estados Unidos, como además Daniel Ansari, de la Universidad del Oeste de Ontario, en Canadá, quienes han trabajado en este campo epistemológico y de interdisciplinaridad en los últimos años.

Más preguntas surgen y cada vez menos respuestas….

Por ahora, una sugerencia al respecto:

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Infierno

De la misma forma que en la obra de Dante Alighieri, “La Divina Comedia”, el personaje Dante cruza los infiernos, el purgatorio y finalmente el cielo, con el fin de alcanzar la luz celestial que lo purifica y acerca a Dios, hemos vivido un proceso semejante durante estas semanas a partir de los incendios forestales en Chile. Nos tocó vivir los “infiernos” durante semanas, con errores de las autoridades, una oposición mediocre y cortoplacista, la escasez de elementos técnicos y la poca preocupación por parte de la ciudadanía ante lo que pasaba. Tuvimos que ver el dolor de las personas que lo perdieron todo, para tener un nuevo toque de sencillez y humildad, y comenzar ese paso de expiación de los “pecados”, al igual que Dante en la obra. Empezamos a entender el problema, a dimensionarlo, bajaron las rencillas políticas, comenzó la coordinación de autoridades y se trajeron materiales y aviones para el combate de los incendios. Era nuestro paso por el purgatorio. Luego vino la enorme ayuda de la ciudadanía a los lugares afectados, como una rutina o tradición anclada en lo más profundo de la idiosincrasia de la sociedad chilena. Es nuestra forma de purgar los pecados como país, de redimirnos como nación ante la miseria que cada día hacemos hacia los demás. Y de alguna manera, lo validamos y nos sentimos orgullosos de ello.

El problema ahora, es que a diferencia de Dante que si pudo llegar al paraíso y alcanzar la virtud máxima ante Dios, en nuestro caso no somos dignos aún de llegar a ese estadio de plenitud. Seguimos anclados en un eterno purgatorio, expiando pecados pero sin el más mínimo afán por superarnos. Ojalá que tengamos un “final feliz” como en la obra, ya que por ahora, seguimos siendo indignos ante la luz celestial que la humildad y dignidad, que nos dan los valores y respeto por los derechos más esenciales de las personas, en especial los niños y niñas de Chile.la-divina-comedia


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Manifiesto

Nací en Santiago, en 1981, pero al cabo de poco tiempo me fuí a vivir con mis abuelos paternos en Curicó. Mi madre tenía 16 años de edad al momento de nacer. No conocí a mi abuela materna, y tengo vagos recuerdos de mi abuelo materno. Mi padre nunca asumió la responsabilidad del hijo que vendría, y aun cuando creo que la historia es sabia en ese aspecto, no dejo de sospechar que la vida siempre es correcta en la forma en la cual las cosas suceden y pasan. Esta es mi historia

Crecí en Curicó, con mis abuelos paternos. Mi abuelo era gendarme y mi abuela dueña de casa. Vivíamos en una población, junto con mi tía menor. Eran tiempos duros. Los años 80 en regiones es de una complejidad enorme, y poco explorado hoy en día. Sería bueno estudiar esa época en lo social y comunitario. El último recuerdo que tuve de mi madre, fue en mi cumpleaños de 1986, luego de eso, pasarían 17 años sin saber de ella. Entre la pobreza que había, y los enormes tiempos que pasaba solo en casa, crecí viendo a Hernán Olguín con “Mundo”. Leía mucho, y por eso mismo pasaba muchas horas del día en el cuarto de atrás de la casa, creando cosas, inventando otras, y e incluso quemándome o cortándome otras tantas.

Fuí al Jardín Betty en Curicó, que estaba a 5 minutos de mi casa. Maravillosos años. Ahí vi el primer partido de Colo Colo ante Cobreloa. Luego estuve un año en la Escuela Presidente José Manuel Balmaceda, para más tarde en segundo básico, irme a la Escuela Ernesto Castro Arellano (Ex-E-21). Me formaron profesores normalistas. Grandes maestros y que me acompañaron en mi camino de soledad. Mi vida en esa época no era precisamente feliz. Hubo violencia, alcohol y mucha tristeza familiar, con quiebres en ciertas festividades y época de verano, cuando nos íbamos por un mes a Pelluhue, cerca de Cauquenes.

Aprendí en esa época el valor de aprender, leer y saber. Mis profesores siempre me impulsaron a ello. Crecí viendo el Mundo de Beckman, Profesor Rossa, Más allá del 2000, y a disfrutar de los clásicos de la ciencia ficción, como Star Trek, Star Wars, Back to the Future y Quantum Leap. Creo que todo eso me hizo tener una infancia más tranquila. Construía naves, inventos, y muchas cosas que hoy al mirarlas atrás, me dan orgullo realmente. Incluso, hasta conocí a Jaime Guzmán Errázuriz en 1989, comiendo empanada y tomando Free.

Tuve la suerte que mi abuelo me empezó a comprar más libros y revistas científicas, lo cual para mi fue una explosión estelar en mi vida, y comprendí que ese era mi camino. Salté a la enseñanza media al Liceo Luis Cruz Martínez, y no lo niego, yo quería irme al Instituto San Martín, pero absolutamente imposible de acuerdo a las condiciones económicas que teníamos. Fue una sabia decisión de mi abuelo. Siempre me decía: “En el Liceo aprenderás lo que necesitas en la vida”. Tuvo razón.

La vida en el Liceo fue un espacio lleno de revoluciones y cambios. Gente valiosa y tremenda. Hasta hoy, grandes amigos en mi vida. La mayoría con ganas de hacer tantas cosas, cambiar el mundo. Fue genial. Y bueno, hasta hoy seguimos en lo mismo. Creo que hasta mi muerte, le deberé aquello a mi abuelo.

Luego de ello salté a la universidad. Me fui a la Universidad Católica de Chile a estudiar Matemática, y al cabo de unos años, gracias a mi gran amigo Miguel, comprendí que mi norte era la Educación, luego de trabajar en campamentos en Santiago. La vida en Santiago en esa época no fue fácil, pero vivía con amigos en una residencial universitaria. Eramos una familia, los triunfos eran comunitarios, y las derrotas compartidas. Fue una hermosa época. Más tarde, vino la época de trabajar en colegios y en educación superior, y creo que todo lo anterior me preparó para sostener tantas complejidad que existieron, y que aún existen. Entré a estudiar una segunda carrera, ahora en educación, y ya estoy en mi último año. En realidad, esta decisión fue por que no ser del área y hablar de ella, es bastante mal visto.

He tenido la suerte maravillosa de conocer gente extraordinaria en mi vida, de la cual he aprendido y aprendo cada día. Ha sido sin lugar a dudas mi mayor tesoro, y de la cual me defino hoy en día. Creo en lo social y en la gente, en la educación como elemento crítico para el desarrollo de las personas, y por sobre todo, en que los niños y niñas son el tesoro más valioso que tenemos.

Esa es mi historia. Mi manifiesto. La vida no ha sido fácil, ni lo será jamás. Creo que es posible siempre darle la vuelta a las cosas. He sido y seré un orgulloso de mi historia, mi vida, y si eso puede ayudar a los demás, bienvenida sea. Un agradecido de la vida, de la gente que me rodea, y la oportunidad de aprender de todos.


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Ignorantes

Este año hemos recibido variada información desde diversas agencias y entidades, respecto al sistema educativo de Chile, tanto en cuanto a desempeño de nuestros estudiantes, como además en cuanto a habilidades y competencias de nuestros adultos, los cuales fueron criados y educados bajo el modelo que Chile presenta desde la dictadura militar de fines del siglo pasado.

Tres importantes evidencias tenemos a disposición desde junio pasado, partiendo con la entrega de los datos de PIACC 2015 (Programme for the International Assessment of Adult Competencies) de la OCDE (http://www.oecd.org/skills/piaac/), las cuales miden las habilidades, competencias y destrezas de los adultos en las áreas de comprensión lectora, matemática y resolución de problemas en ambientes digitales. Los resultados para Chile fueron realmente lamentables, tenemos una población adulta con muy bajas habilidades y competencias en elementos básicos para el siglo XXI, como la comprensión lectora o la resolución de problemas simples (http://www.oecd.org/skills/piaac/EVIDENCIAS%20PIAAC%20FINAL.pdf), incapaz de reflexionar y de desarrollar un pensamiento crítico dado, pero que sin embargo lo más preocupante de todo, es que cuando uno mira los datos por grupos socioeconómicos, puede observar que los profesionales del decil más rico, no tienen las habilidades y competencias de una persona promedio de la OCDE con enseñanza media cumplida. Esa evidencia, es profundamente significativa, ya que tenemos una sociedad en la cual nuestras élites son ignorantes y carentes de los elementos sofisticados para liderar un proceso de transformaciones y cambios sociales y políticos. El panorama para los grupos socioeconómicos más bajos, es francamente desolador.

El siguiente gráfico representa el punto anterior, en comparación con las principales economías en desarrollo:

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Otros de los elementos relevantes a este panorama descrito, fue la entrega el pasado mes de noviembre, de los datos de la prueba TIMSS 2015 ( Trends in International Mathematics and Science Study) de la IEA (http://timssandpirls.bc.edu/), la cual se focaliza principalmente en medir aprendizajes en Matemática y Ciencia en educación primaria (básica, en el caso de Chile), con resultados discretos y bajos en general. Hay sin duda algunos datos alentadores, sobre todo de trayectorias y equidad de género en 4º Básico, pero que ya en 8º se amplían las brechas (http://archivos.agenciaeducacion.cl/TIMMS_presentacion_BAJA.pdf). Seguimos teniendo una población de estudiantes con serias falencias en competencias y habilidades científicas y matemática, y que permiten tener una idea de su camino como futuros adultos, agregando a ésto lo visto anteriormente por PIACC 2015.

Los resultados de Chile en TIMSS 2015 fueron los siguientes:

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Mientras que para 8º Básico…..

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Y finalmente en Ciencias….

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Pero esto no termina acá. Hace pocos días, se entregaron los resultados de PISA 2015 (Programme for International Student Assessment) marcada por el escándalo en Argentina y la posible manipulación de las muestras en capital federal (Buenos Aires), y además por el destacado lugar que tuvo Portugal en dicha medición (Eso da para otra columna).

Más allá de eso, los resultados de PISA 2015 para Chile, en sus área de Matemática, Comprensión Lectora y Ciencias, muestran que los resultados fueron bajos y exceptuando Comprensión Lectora, bastante paupérrimos y mediocres. Solamente Lenguaje experimentó un alza significativa en cuanto a la medición anterior. En datos de equidad de género y datos socioeconómicos siguen mostrando niveles muy por debajo de los países de la OCDE, siendo llamativo que si tomamos el 5% de los mejores resultados de Chile, comparándolo con los otros países de la OCDE, seguimos en los últimos puestos determinados. Que quiere decir esto, que tanto la educación pública como privada, muestra resultados bajos y mediocres, consistente con lo hallado en PIACC 2015. Un panorama sombrío para Chile.

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En este gráfico, podemos notar que la varianza de aprendizajes se explica dentro de la escuela (50%) más que entre escuelas (31%). Un elemento no menor sin duda.

Así cerramos el año 2016 con un sombrío panorama, y que viene nuevamente a confirmar un panorama que ya sabemos y conocemos. Ninguna receta, técnica o metodología resolverá este problema, el cual es profundo al sistema educativo de Chile, y que independiente del sector que sea, público o privado, la mala educación es transversal en la sociedad. De esta forma, el desarrollo país es cada vez más lejano y difícil.


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Fantasmas

Uno de los elementos más interesantes al analizar los procesos políticos y sociales durante los últimos siglos, es la vertiginosa velocidad de los cambios que suceden, y en especial, como algunos elementos que habíamos pensando que ya estaban superados como la xenofobia, discriminación, exclusión, etc, están todavía anclados en el corazón de algunas personas, en especial en aquellas generaciones como los Baby Boomers.

Una de las lecciones que el presente año nos a dejado en relación a lo anterior, es que existe a pesar de todos los esfuerzos en globalización, democracia y crecimiento, un amplio segmento de la ciudadanía que está al margen de los frutos y beneficios de una sociedad en continuo cambio. Hechos como el Brexit en UK, el Plebiscito del Tratado de Paz entre el Gobierno de Colombia con las FARC, las elecciones generales en España, las Municipales en Chile, y la reciente Elección Presidencial en Estados Unidos, tienen como hilo conductor precisamente que los “marginados” y “hastiados” del sistema social, hablaron y pusieron su voz en alto, y con fuerza. Mientras la gran mayoría creíamos que dichos procesos estaban claros, ya que las encuestas marcaban esas tendencias, la realidad fue muy diferente. Una bruma de desesperanza empezó a cundir a millones de personas, al ver que nacionalismos, políticas xenófobas, discriminaciones y racismos, volvían al discurso populista de derecha e izquierda en muchos países, justamente esos “fantasmas” que habíamos dejado atrás luego de un siglo XX lleno de muerte, guerras y dolor, volvían a aparecer en nuestras narices.

Cuando se analizan por ejemplo, el Brexit en UK y las Presidenciales en Estados Unidos, podemos observar elementos comunes que son parte de un diagnóstico mayor.

Figura 1.

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Figura 2.

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Como podemos ver en la Figura 1., la distribución de votantes de Trump, está marcada por tres hechos importantes: Hombres blancos, zonas semi-urbanas y rurales con población de menos de 1 millón de personas, y baja escolaridad. Precisamente, este grupo, que no se ha beneficiado de los TLC y acuerdos económicos en más de 20 años de Estados Unidos con el resto del mundo, levantó la voz ante la exclusión de Washington, haciendo eco de las palabras de Trump en su lema de campaña: “Make America Great Again”, dijeron no más. Grupos como el Tea Party, KKK, Neocon, entre otros, resurgen como oportunidad ante una sociedad estadounidense dividida y fuertemente segmentada, queriendo “devolver” la grandeza perdida de Estados Unidos, con fuertes ideas discriminatorias, segregacionalistas y anti-inmigrantes. Es el triunfo de la emocionalidad ante la impotencia de la marginación.

En la figura 2., podemos ver que precisamente quienes votaron a favor del Brexit, son aquellos segmentos menos favorecidos por décadas de trabajo en la Unión Europea, segmentos etarios más altos y de GSE más pobres, trabajadores, empleados y británicos que se sientes excluidos de un modelo que supuestamente ayuda más a los demás, pero no a ellos.

No es casualidad que en ambos casos, las generaciones más jóvenes, los “Millennials”, se hayan expresado en las calles, con fuertes marchas y manifestaciones ante lo ocurrido, pero donde las mismas cifran evidencian que quienes más votaron no fueron precisamente ellos, sino los de más edad. Es la paradoja de la participación cívica en el mundo globalizado: Globalizar la sociedad, economía, política y consumo, pero no la ciudadanía y valores republicanos.

Como señalé al principio, esto sólo es un síntoma más de un proceso más complejo y profundo en el mundo. El año 2017 nos trae más elecciones claves en países altamente relevantes, como Francia, Alemania, Países Bajos, etc, y lo más próximo en Austria, donde la ultra-derecha está liderando las opciones de la presidencia. Todo ello, configura un escenario tradicional en tiempos de crisis, volatilidades y miedos, resguardarse en discursos y lenguajes que apelen a lo emocional, al carácter propio de los nacionalismos y exacerbando la discriminación ante los demás, producto del mismo miedo. La democracia no ha estado a la altura de los desafíos del siglo XXI, como el cambio climática, oleadas de inmigrantes, crisis económicas, etc, y más aún, una clase política anquilosada y que ha dejado pasar que esos populismos dañen a los países, generando un ambiente sombrío y cargado de miedo.

Ya vivimos algo semejantes en la década de los años 30 en el siglo XX, y sabemos las consecuencias de ello. Debemos aprender de la historia, sus procesos y oportunidades.

¿Estaremos aún a tiempo de cambiar este escenario político-social?, Al menos yo, tengo mis serias dudas al respecto. Espero equivocarme


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Perspectivas y Transformaciones

Octubre 16, 2016

“Hay momentos en la vida en que una persona, para ser fiel a sí misma, tiene que cambiar.

No de batalla, sino de trinchera. Cambiar de camino, no de dirección”

Leonardo Boff

Con afecto, con claridad, y también con necesaria coherencia, queremos compartir con ustedes la decisión de concluir al menos en esta primera etapa, nuestra participación en el movimiento “Repensando las tareas” (La tarea es sin tareas) al que nos sentiremos siempre, profundamente vinculados.

Fuímos dos de tres personas (junto a Paulina Fernández) que dimos inicio a este recorrido con la primera entrevista y noticia –vía diario la Tercera- sobre una iniciativa que en realidad veníamos dando a luz hace muchos años: desde nuestros trabajos (Vinka y Carlos) y publicaciones en temas de educación, más de una vez, levantamos el cuestionamiento acerca del impacto de las tareas –en los derechos, salud y procesos de aprendizaje en muchos niños que además, en Chile, tienen jornadas extendidas-, entendiéndolas como un síntoma más de una educación por mucho agobiada y descuidada, y a la que concebimos inseparable del cuidado y respeto por la dignidad de sus niños, familias, y sus maestros.

Durante años, fuimos testigos de cómo los estudiantes secundarios y universitarios daban la batalla por una mejor educación, y por su lado, también los profesores. Pero faltaban las familias en esta tríada vital para cualquier sueño, reforma o revolución educativa en un país. Ver desde el primer día, cómo nacía un movimiento de mamás, papás, familias (abuelos, tíos, todos) que al cabo de un tiempo récord, contaba con noventa mil personas, ha sido realmente una experiencia tremenda y un éxito –como escribimos en más de una columna, “el resultado feliz de”- que alegra el alma. La oportunidad que se abría, era portentosa y entrañable. Para los niños, y para la educación.

De estos meses, conservamos aprendizajes, lecciones y lucideces nuevas, y otras de siempre. Seguimos creyendo, tal como desde el primer día, que cualquier causa relacionada con algo tan sagrado como la niñez y su educación, es indivisible de la vocación de cuidado y de una ética de responsabilidad (el cuidado, nuevamente) cuya prioridad sea proteger y alentar las vidas de cada nueva generación, sin alienar ni omitir ni por un momento el respeto, validación y contención de quienes acompañan su recorrido: las familias, las escuelas y docentes, junto al colectivo. Más aún, ese cuidado alcanza al propio activismo que cada persona elige desplegar: en sus acciones, su lenguaje, su sensatez y sensibilidad, y la constante atención al presente y lo que ese presente va hilando hacia el futuro.

Hemos reflexionado mucho acerca de lo que significa la actuación del movimiento, su vinculación –imprescindible- a las comunidades educativas (algo que todavía creemos indispensable fortalecer), y especialmente, el efecto del temprano involucramiento de los políticos en la trayectoria de estos meses.

Aunque valoramos que la mayor amplitud de partidos y agrupaciones, junto a medios de comunicación, y foros sociales hayan demostrado interés en escuchar al movimiento y en participar de una conversación siempre urgente en la protección de derechos de la infancia y su educación en Chile, nos preocupa que en demasiadas ocasiones lo que más resuene sean los mensajes “anti”, en clave negativa, el verbo “prohibir”, dinámicas de debate/disenso impositivas o agresivas, inclusive. Nada de lo anterior nos refleja, queremos ser muy asertivos, y lo hemos hecho presente desde un primer momento. También, en el escenario no previsto y apresurado de la presentación de un proyecto de ley “para prohibir las tareas” (anunciado por el Sen. Quintana a la prensa, en junio pasado). La prisa, la redacción, no reflejaban el cuidado que exigen la niñez y su educación, las familias (el problema de las JEC no es separable del problema más vasto de jornadas que no propician en lo absoluto el cuidado familiar y la conciliación), los profesionales docentes (invitar al colegio de profesores no es suficiente considerando su moderado % de representatividad del magisterio nacional), y las comunidades educativas.

Un país entero hace mucho espera conocer hasta dónde puede llegar su envergadura de imaginación y alas en este siglo XXI. El exceso de tareas es síntoma, ya lo decíamos, de una educación malherida, pero en la dolencia mayor, herramientas obsolescentes como “los deberes para la casa” se suman a la realidad de la JEC, a modelos curriculares sofocantes, a la presión del SIMCE, los incentivos perversos, la falta de apoyo a profesionales docentes, y la brecha de inconmensurable desigualdad entre niños/as que viven en Chile. Una brecha que sólo la educación, seguimos creyendo, como un puente hermoso y tozudo, podría y debe ayudar a eliminar.

Desde las premisas señaladas, ¿cómo entender un proyecto de ley sin una mirada holística e inclusiva de las comunidades educativas, y que encima refuerza la segregación al abordar solamente a colegios subvencionados? ¿No es continuar en las mismas dinámicas mercantiles y perversas si se castiga la subvención por incumplimiento de la “prohibición” de las tareas? ¿Cómo se planea fiscalizar el cumplimiento de esa ley: multando a colegios que a su vez deberían multar a profesores? ¿Y los demás establecimientos, quedan fuera?

¿No habrá una forma de combatir el agobio que lejos de ahondar separaciones, sea inclusiva y equitativa? ¿Bajo qué premisas se preserva el cuidado por el bienestar de nuestros hijos del bienestar y por la apuesta que un país necesita realizar para que sus docentes puedan dar lo mejor de sí en el aula? No concebimos transformaciones en la educación sin un accionar estrechamente vinculado a los profesores y comunidades educativas que encarnarán esos cambios.

También es necesario responder a estas preguntas: ¿Cuál es la tasa de tareas escolares en Chile, qué contiene la rúbrica de evaluación disponible para apoderados y padres? ¿Cuál es la definición de “tarea”, y dónde se explica, al alero de esa definición, cómo debería entenderse entonces el juego educativo, determinadas actividades para niños con NEE, o los videos de YouTube que los niños ven (y aman hacerlo) en el modelo de flipped-classroom que algunos establecimientos están implementando, o la realización de proyectos fenomenológicos en colegios donde se están dejando atrás las asignaturas, o en aulas donde los docentes trabajan –luego de la revolución iniciada por Mortimer Adler y revivida por Salman Khan- el seminario socrático? Las tareas pueden ser motivo de tensión, conflicto y hasta de maltrato físico/psicológico en hogares donde la dificultad del niño para “responder” genera frustración en padres agotados, agobiados. Pero en hogares donde niñ@s son abusados sexualmente, muchos de ellos encuentran un refugio en el tiempo y “defensa” de sus actividades escolares y/o rendimiento académico, como una forma de reducir la frecuencia y exposición al abuso. Podríamos señalar muchos ejemplos donde no es tan blanco-negro el resultado de la implementación de una medida como la que sin mayor detalle ni desarrollo, enuncia el proyecto ley original (en el sentido de “prohibir”, “eliminar”).

Si el camino es legislar, se legisla para un país entero, para toda su infancia, considerando a todas las comunidades educativas. No podemos omitir preguntas, ninguna, si dicen relación con la experiencia de niños/as diversos en proyectos educativos asimismo muy diversos. Lo anterior no equivale a capitulación, sino a respeto y en esa disposición no hay renuncia. La humildad, el autoexamen, son constantes como premisa del cuidado ético (Gilligan, Noddings) y también lo es la responsabilidad modélica de adultos, educadores y activistas, frente a la infancia y frente al colectivo.

A la presentación apresurada del PL en junio, se suma el que la Comisión de Educación del Senado sorprende a todos con una votación el pasado 12 de octubre, de la cual nos enteramos mientras se realizaba y sin contar con la certidumbre de que se hubiesen tomado en cuenta los resultados de acuerdos vinculantes. Podemos valorar la diligencia, pero recordemos que el propio Senado condicionó la votación del proyecto –en agosto pasado- a las recomendaciones que entregara Mineduc luego de convocar una mesa técnica con la participación de educadores, familias (representadas por el movimiento), expertos, etc.  De esa mesa que duró dos meses y en la que participamos (durante 6 Sesiones, de 2 horas y media cada una), surgen conclusiones y un informe que los Senadores recibieron. No obstante, no consta su consideración en la votación del 12 de octubre, aun cuando ésta fuera entendida como un “triunfo”. En cualquier logro, creemos, el autorespeto traza un límite y como movimiento debió ser explícita la insistencia y respaldo al informe (y trabajo) de la mesa técnica. Los códigos de la esfera política, legislativa, no siempre son iguales a los de la ciudadanía y las personas, pero más de un activismo está demostrando que es posible hacer las cosas sin comprometer su autocuidado y autorespeto.

Las causas nacen, cumplen ciclos, y entre esos puntos se levantan identidades, y se eligen por acción u omisión ciertos derroteros (con los cuales diversas personas se sienten más o menos en sintonía). Ojalá las elecciones siempre fueran, sean, con plena presencia e intención, y no arrastrados por contingencias, la prisa, la desatención. El autoexamen es constante, para nosotros lo ha sido, al respecto del fin y de los medios, de lo que es endosable y lo que no, y de lo que consideramos como “logros”.

Hay un verso muy lindo de Vicente Huidobro que dice: “deseo esta ola de horizonte como único laurel para mi frente”. Esa ola que podría ser un amor bien correspondido, la reverencia ante la vida, un sueño cumplido. Nuestro horizonte más feliz ha sido y seguirá siendo aportar a la vida buena y el cuidado de la niñez, y al fortalecimiento de la educación entendiéndola como un bien público y de hacer colectivo. Siempre con los profesores y comunidades educativas y humanas, y siempre con la mayor delicadeza, de artesano chino en cada acción, cada palabra, cada paso, para poder disfrutar uno o más laureles con dicha, y con satisfacción cristalina. Con paz.

Aquello que uno más ama, lo que más anhelamos, lo que tratamos de construir para quienes más queremos (nuestros hijos y los de todos) merece tiempo, templanza, visión de futuro, y aunque suene repetitivo, el mayor cuidado. Los niños son un tesoro, su educación debería serlo, el movimiento lo es, y puede todavía llegar a ser más grande en tanto logre invocar y reunir –sin alienar con palabras ni acciones o con un proyecto ley que no refleje la integralidad del problema ni considere a todos los actores educativos- a miles de personas y voluntades. Somos casi cien mil, pero recordamos que existen 3.6 millones de NNA en edad escolar, miles de familias más, y miles de docentes. Hay espacio para crecer todavía más, y del modo más inclusivo.

Para terminar, gracias a cada uno y una, a todos, por lo compartido y aprendido en esta primera etapa, y también por recibir esta decisión que resulta de un discernimiento largo, y de un período de espera que creímos importante sostener en tanto se concretaban trayectorias como por ejemplo la mesa técnica y la elaboración de una propuesta sólida de parte del movimiento (actualmente en elaboración, y destacamos el rol que la psicóloga Constanza Gamboa ha tenido en dicho cometido).

El tiempo dirá si nos volvemos a encontrar en etapas futuras. Ahora nos despedimos y tengan la certeza que desde dondequiera, estaremos trabajando como siempre, con y para los niños y niñas, jugándonos por el sueño de una educación inseparable del cuidado ético, y de un país responsable con su infancia, capaz de darle protección, y un amor tan grande que alcance y vuelva sobre toda nuestra sociedad.

Carlos Ruz, Matemático, Docente

Vinka Jackson, Psicóloga, Educadora