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Un blusero más en esta selva de cemento… llamada Santiago de Chile.

Manifiesto

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Nací en Santiago, en 1981, pero al cabo de poco tiempo me fuí a vivir con mis abuelos paternos en Curicó. Mi madre tenía 16 años de edad al momento de nacer. No conocí a mi abuela materna, y tengo vagos recuerdos de mi abuelo materno. Mi padre nunca asumió la responsabilidad del hijo que vendría, y aun cuando creo que la historia es sabia en ese aspecto, no dejo de sospechar que la vida siempre es correcta en la forma en la cual las cosas suceden y pasan. Esta es mi historia

Crecí en Curicó, con mis abuelos paternos. Mi abuelo era gendarme y mi abuela dueña de casa. Vivíamos en una población, junto con mi tía menor. Eran tiempos duros. Los años 80 en regiones es de una complejidad enorme, y poco explorado hoy en día. Sería bueno estudiar esa época en lo social y comunitario. El último recuerdo que tuve de mi madre, fue en mi cumpleaños de 1986, luego de eso, pasarían 17 años sin saber de ella. Entre la pobreza que había, y los enormes tiempos que pasaba solo en casa, crecí viendo a Hernán Olguín con “Mundo”. Leía mucho, y por eso mismo pasaba muchas horas del día en el cuarto de atrás de la casa, creando cosas, inventando otras, y e incluso quemándome o cortándome otras tantas.

Fuí al Jardín Betty en Curicó, que estaba a 5 minutos de mi casa. Maravillosos años. Ahí vi el primer partido de Colo Colo ante Cobreloa. Luego estuve un año en la Escuela Presidente José Manuel Balmaceda, para más tarde en segundo básico, irme a la Escuela Ernesto Castro Arellano (Ex-E-21). Me formaron profesores normalistas. Grandes maestros y que me acompañaron en mi camino de soledad. Mi vida en esa época no era precisamente feliz. Hubo violencia, alcohol y mucha tristeza familiar, con quiebres en ciertas festividades y época de verano, cuando nos íbamos por un mes a Pelluhue, cerca de Cauquenes.

Aprendí en esa época el valor de aprender, leer y saber. Mis profesores siempre me impulsaron a ello. Crecí viendo el Mundo de Beckman, Profesor Rossa, Más allá del 2000, y a disfrutar de los clásicos de la ciencia ficción, como Star Trek, Star Wars, Back to the Future y Quantum Leap. Creo que todo eso me hizo tener una infancia más tranquila. Construía naves, inventos, y muchas cosas que hoy al mirarlas atrás, me dan orgullo realmente. Incluso, hasta conocí a Jaime Guzmán Errázuriz en 1989, comiendo empanada y tomando Free.

Tuve la suerte que mi abuelo me empezó a comprar más libros y revistas científicas, lo cual para mi fue una explosión estelar en mi vida, y comprendí que ese era mi camino. Salté a la enseñanza media al Liceo Luis Cruz Martínez, y no lo niego, yo quería irme al Instituto San Martín, pero absolutamente imposible de acuerdo a las condiciones económicas que teníamos. Fue una sabia decisión de mi abuelo. Siempre me decía: “En el Liceo aprenderás lo que necesitas en la vida”. Tuvo razón.

La vida en el Liceo fue un espacio lleno de revoluciones y cambios. Gente valiosa y tremenda. Hasta hoy, grandes amigos en mi vida. La mayoría con ganas de hacer tantas cosas, cambiar el mundo. Fue genial. Y bueno, hasta hoy seguimos en lo mismo. Creo que hasta mi muerte, le deberé aquello a mi abuelo.

Luego de ello salté a la universidad. Me fui a la Universidad Católica de Chile a estudiar Matemática, y al cabo de unos años, gracias a mi gran amigo Miguel, comprendí que mi norte era la Educación, luego de trabajar en campamentos en Santiago. La vida en Santiago en esa época no fue fácil, pero vivía con amigos en una residencial universitaria. Eramos una familia, los triunfos eran comunitarios, y las derrotas compartidas. Fue una hermosa época. Más tarde, vino la época de trabajar en colegios y en educación superior, y creo que todo lo anterior me preparó para sostener tantas complejidad que existieron, y que aún existen. Entré a estudiar una segunda carrera, ahora en educación, y ya estoy en mi último año. En realidad, esta decisión fue por que no ser del área y hablar de ella, es bastante mal visto.

He tenido la suerte maravillosa de conocer gente extraordinaria en mi vida, de la cual he aprendido y aprendo cada día. Ha sido sin lugar a dudas mi mayor tesoro, y de la cual me defino hoy en día. Creo en lo social y en la gente, en la educación como elemento crítico para el desarrollo de las personas, y por sobre todo, en que los niños y niñas son el tesoro más valioso que tenemos.

Esa es mi historia. Mi manifiesto. La vida no ha sido fácil, ni lo será jamás. Creo que es posible siempre darle la vuelta a las cosas. He sido y seré un orgulloso de mi historia, mi vida, y si eso puede ayudar a los demás, bienvenida sea. Un agradecido de la vida, de la gente que me rodea, y la oportunidad de aprender de todos.

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Autor: Carlos Ruz F.

Matemático UC. Profesor de Matemática e Incipiente Investigador en Educación. Coordinador General de Fundación Maule Scholar. Columnista en EduGlobal, El Quinto Poder y El Mostrador. Gestor en Resultados de Aprendizaje Activo. Áreas de Interés: Segregación, Mejora Escolar, Inclusión Educativa, Políticas Públicas, etc.

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