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Un blusero más en esta selva de cemento… llamada Santiago de Chile.

El País Amateur

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Hace un par de días, tuve la oportunidad de recorrer con tranquilidad algunas ciudades de la zona central de Chile, ya que tengo por anhelo, conocer y recorrer algunas escuelas y colegios municipales. En ese andar, en ese caminar, fui contemplando los sabores que identifican a nuestro país, a su idiosincrasia, su gente, su forma de ser, expresarse, vivir, y en último caso, de ser sociedad.

Y por más que mirase de otras formas, uno va contemplando algunas características tan nuestras, tan criollas, que se desvanecen en los niveles socio económicos, en los indicadores cuantitativos, en los datos del Banco Mundial, el FMI y Hacienda. Más allá de ese Chile que quieren vendernos, de los 20 mil dólares per cápita, de cifras de crecimiento del 6%, de la reducción de la pobreza, etc, está ese Chile real, ese país que donde tu mires, sientes, percibes y observas, su alma esencial: el amateurismo.

Hablamos todo el día de ser desarrollados, de ser como los europeos o americanos, de alcanzar por fin el anhelado “status” de primer mundo. Por que en realidad eso buscamos, “status”, una forma peculiar de lo que somos como nación, determinada por su clasismo y xenofobia, que no tiene asco en ocultar la verdad y esconderla por debajo de la alfombra de la realidad. No tenemos ningún resquemor, al ser unos de los países más desiguales del mundo, no nos cambia el semblante, que el 75% de nuestros niños hayan sido maltratados física o psicológicamente, y que el 25% se encuentre bajo la línea de la pobreza. Somos personas amateur, donde sea que vivamos.

Nos hicieron creer un sistema impuesto por las armas. Consideramos “normal” que la gente se endeude hasta para vivir, que gaste lo que no tiene, y que ni siquiera tenga para ser dignos. Nos conformamos con el clásico discurso ” nadie lo mandó a endeudarse”, tan simplón de países individualistas y despolitizados. Nos nos mueve ni un músculo, que las personas hagan colectas, rifas y completadas para comprar un médicamento de su enfermedad, no nos afecta que miles de familias vivan en la calle, se mueran de frío en invierno, pero si que reclamamos cuando falla el sistema informático y la web, de las ofertas de LAN u otras compañias.

Nuestra alma como sociedad, como país, está corrupta hasta la médula. Creemos que todo se puede comprar, el amor, el cariño, el afecto. Creemos que mientras más regalemos a las personas, más nos van a querer. Nos endeudamos a 12 meses para Navidad, San Valentín, Día de la Madre, del Padre, del Niño, etc. No lo cuestionamos, lo aceptamos como robots, prostituidos como seres de consumo, y no seres humanos, de afecto y amor.

En 15-20 minutos, en las principales ciudades de Chile, puedes pasar de los sectores más ricos de la sociedad, a la pobreza más dura; conviviendo simultáneamente, en un desamparo tremendo. Jóvenes de los grupos socio económicos más altos, criados por sus nanas y en la más profunda soledad, con índices de ausencia parental muy altos, donde todo se oculta y tapa, embarazos adolescentes, infifelidades, quiebres matrimoniales, etc. Somos de papel, en la cultura de la imágen y lo visual, pero sin profundidad. Al otro lado, los más pobres, sin mayores oportunidades, sin acceso a salud, educación y trabajos dignos, con personas que se deben levantar a las 5 am para alcanzar un número en un consultorio público, para ver si el médico que llegue, tipín 11 am, se atreva a dar una consulta de 5 minutos. ¿Qué clase de país tenemos, que una persona deba mendigar por algo tan básico, como es su salud?.

La mayoría de los chilenos, algo así como el 75% de la fuerza activa trabajadora, gana cerca de 367 mil pesos. En el país de mentira, de la apariencia y la farsa, lo importante es tener DirecTV, LCD, Iphone 5, etc. No importa nada más, tengo que tener más que el otro, ser más que el vecino. Muchos cambian el auto todos los años, y con suerte, tienen para la bencina. Se endeudan a 30 años para comprar una casa, que al final, nunca es realmente de ellos, es una ilusión, una mentira completa. Pero seguimos creyendo, que somos el ejemplo de Latinoamérica, la envidia de todos.

Y en ese pensar y reflexionar, me detuvo la historia de un niño con su padre. En una esquina, en el auto, el niño de 7 años, le dice al padre, mirando a un vagabundo en la calle “¿Por qué papá, el no tiene auto, si nosotros tenemos dos, y no necesitamos tener 2 autos?”. La esperanza, está en nuestros niños. En esos mismos que en cada rincón del país son violentados, maltratados y en algunos casos, hasta abusados sexualmente. Lo poco que nos queda, son nuestros niños y niñas, y que hacemos? Nada, no los cuidamos en lo absoluto. Los hacemos ” competir” con el otro, cuando ellos solo quieren “compartir” y “jugar”.

No sé como podremos romper este círculo. La verdad, quiero creer que podemos cambiarlo. A veces, simplemente nos falta entender que sin los demás, no somos nada. Necesitamos lo más importante para ser un país del primer mundo: Humildad. Pero claro, al ser amateur, solo es una palabra más en el diccionario.

Mientras sigamos en este camino, serán solo algunos que podrán disfrutar de ese “desarrollo”, pero todos, sin excepción, compartirán la pobreza extrema de valores y principios, y seguiremos siendo, seres de consumo, de papel, de soledad.

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Autor: Carlos Ruz F.

Matemático UC. Profesor de Matemática e Incipiente Investigador en Educación. Coordinador General de Fundación Maule Scholar. Columnista en EduGlobal, El Quinto Poder y El Mostrador. Gestor en Resultados de Aprendizaje Activo. Áreas de Interés: Segregación, Mejora Escolar, Inclusión Educativa, Políticas Públicas, etc.

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