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Un blusero más en esta selva de cemento… llamada Santiago de Chile.

Catástrofes

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Durante los últimos 11 días, el país ha vivido dos tremendas tragedias, que han mostrado una vez más, la fragilidad de nuestra sociedad, la pobreza existente, y aquellos ocultos hombres y mujeres, que se les denomina como “pobres”. Hemos vivido un Terremoto en el Norte Grande, de magnitud 8.3, con una posterior alerta de tsunami en las cercanías de Iquique, Arica y Alto Hospicio, localidades de enorme riqueza mineral (Es aquí donde las principales empresas mineras del mundo, extraen el cobre y concentran los sueldos e ingresos más altos de Chile) pero con niveles de pobreza e indigencia terriblemente garrafales. Una zona con un ingreso per cápita de más de 37.205 dólares, según los datos del Banco Central, no se evidencian con la destrucción y la miseria que muestra nuestro norte del país. El terremoto mostró cómo nuestro país aísla y saca de lo visible a los pobres, por que molesta y estorba, porque no se concibe en el “modelo” que tenemos. Pero la naturaleza es sabia, y es capaz de poner las cosas en su justa medida. A pesar de eso, los ves sonrientes, perdieron todo, fueron evacuados dos veces en menos de 24 horas (réplica de mi 7.6 al día siguiente), y te dan lecciones de vida que se sobrecogen e enmudecen. Son los chilenos que no aparecen en los titulares, ni en las páginas sociales, son los excluidos y los marginados del desarrollo.

 

Por otra parte, hace 2 días, un gigantesco incendio consume más de 850 hectáreas, con más de 2150 viviendas destruidas, 13 víctimas fatales y más de 17 mil personas evacuadas (Hasta las 17:45 hrs) en Valparaíso. Todavía sigue activo, aún no se puede controlar, y el sufrimiento y le dolor de los compatriotas desnuda nuevamente, la pobreza oculta, excluida de las ciudades, se exhiben los guetos marginales y los que no gozan del “desarrollo” que mucho gritan a los cuatro vientos. Familias perdieron absolutamente todo, niños quedaron con lo puesto, padres y madres desesperados tratando de salvar algo de sus enseres. Nuevamente, la fragilidad de nuestro país evidencia, que siempre los excluidos son quienes pagan el costo de la improvisación y el descuido. La pregunta es, ¿Por qué no se pudo evitar esta tragedia? Un terremoto, es inesperado, pero un incendio, puede perfectamente impedirse.

 

En ambos casos, hemos visto también de los chilenos. Miles de personas movilizadas, de Arica a Punta Arenas, dando incluso lo que tienen, para ayudar al que menos tienen que uno. De eso se trata, de esperanza, de fuerza y fe. Porque si algo hemos aprendido de los excluidos y apartados del desarrollo, es que en ellos se encuentra realmente, la fuerza y energía, para cambiar las cosas en Chile, y pasar del dolor a la esperanza en estas tragedias.

 

Nos hemos levantado antes, lo haremos nuevamente. Ojalá aprendamos que las cosas que podemos evitar, realmente merecen nuestra atención.

 

No podemos permitir, que nuestra gente siga excluida del resto.

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Autor: Carlos Ruz F.

Matemático UC. Profesor de Matemática e Incipiente Investigador en Educación. Coordinador General de Fundación Maule Scholar. Columnista en EduGlobal, El Quinto Poder y El Mostrador. Gestor en Resultados de Aprendizaje Activo. Áreas de Interés: Segregación, Mejora Escolar, Inclusión Educativa, Políticas Públicas, etc.

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