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Un blusero más en esta selva de cemento… llamada Santiago de Chile.

Chile: Historias de un Desarrollo Frustrado

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Hace un par de días, se dió a conocer las cifras de desempleo en el país, siendo ésta entorno al 6,1% (http://www.ine.cl/canales/sala_prensa/noticias/noticia.php?opc=news&id=425&lang=esp) una de las cifras más bajas que Chile haya tenido en los ultimos 15 años, situándonos en un contexto incluso anterior, a la crisis asiática de 1998. Junto con ellas, los datos macroeconómicos, inflacionarios y de reservas internacionales, nos colocan en la exclusiva lista de paises emergentes que han sorteado de buena manera, la crisis económica que el mundo desarrollado a enfrentado en los últimos años. Más allá del ingreso percápita, IDH( Índice de Desarrollo Humano) y riesgo país, se desnuda ante las personas comunes y corrientes, una frustración y abandono que complican a la hora de hablar de Chile en el contexto internacional.

Quiero relatar tres historias breves, que son parte de mis experiencias en Educación a lo largo de estos años, y que muestran claramente ese Chile auténtico, real, y que no se encuentra en los datos del Banco Mundial o el FMI. Durante toda la historia, se ha probado que quienes la construyen son los victoriosos, y no los vencidos. Justamente esto, nos toca vivir cada dia en nuestro país. Lamentablemente, en lo educacional, los vencidos son exactamente aquellos que mas tarde, aglutinarán los elementos esenciales para caudillismos, populismos, y tantos cánceres que tiene nuestra América Latina.

El Desamparo de la Educación Rural

José es un niño de octavo año básico, en la Escuela Rucatraro, en Huapi, a 15 km de Puerto Saavedra, en la Costa de la Novena Región de la Araucanía ( a 800 km de Santiago de Chile). Miembro de una comunidad mapuche, enclavado en el Lago Budi, es uno de aquellos tanto niños que viajan a la escuela usando todos los medios posibles. Lancha, caballo, tractor, e incluso a pié, con tal de estar puntualmente a las 8 am, en la sala de clases. Él, como muchos niños mas, recibe la educación formal con sus profesores que vienen de zonas aledañas, saliendo de sus hogares cerca de las 6:30 am, para cumplir con ese deber y vocación que nos conmueve cada día. Ellos, en una sala de madera, con pupitres mal traídos  con algo de humedad, un poco de aroma de campo, hacen que las jornadas diarias pasen más amenas que lo tradicional. En uno de eso días  me enfrento a la sala de clases de octavo, en la cual me encuentro a unos quince chicos, todos con edades diferentes, de localidades distintas, pero con un denominador común: su futuro está en la tierra y sus manos. La mayoría de ellos, con graves problemas de comprensión lectora, uno que otro con problemas alimentarios, y con muchos sueños de aprender cosas nuevas. Al sonido de sus MP3, escuchando la última canción del momento, conversan y se reúnen antes de empezar la clase. Me toca la clase de geometría, y los saco fuera de sala de clases, al campo, y aprendemos área y perímetro con arboles, chanchos y gallinas. Dentro de este grupo, conozco a José. Un joven timido, retraído, con algo de pena, pero que simplemente es un talento innato en matemática. Me intrigo por él, y empiezo a preguntarle algunas cosas, y para mi sorpresa, me doy cuenta que tiene todas las capacidades para ser un brillante estudiante de alguna ingeniería o ciencia natural. Pero conociendo su vida familiar, preguntándo a sus profesores, me doy cuenta que es parte de ese amplio grupo de jóvenes en Chile, desde Arica a Punta Arenas, los cuales no tendrán la oportunidad de alcanzar estadios más altos. Por una parte, familias que creen que su vida esta en seguir la vida de sus padres, en el campo y la agricultura, además de las limitantes propias de una sociedad desigual, segregadora e inequitativa. Él no tendra acceso a una educación de calidad, principalmente por donde vive, por ser mapuche y además por no tener los recursos para pagarla. Tristemente, será como miles y miles de jóvenes en Chile, que simplemente serán parte de una estadística y una promesa de educación de calidad, pero lo que es mas trágico, no son los rostros que aparecen en las cumbres de APEC, CELAC, entre otras.

La Cara Oculta de la Pobreza: La Mujer

Nuestra sociedad oculta todo aquello que no quiere ver, y más aún, oculta todo aquello que la avergüenza  Lo anterior, son palabras que nacen de uno de los dramas y hechos que más avergüenzan a un país, con rostro de mujer. Como en muchos países son la mayoría, mueven la industria, el consumo, y esencialmente, levantan las familias desde el alba hasta el anochecer. Sin embargo, estamos muy lejos de lo “aceptable” para un país que pretender alcanzar el desarrollo.

Hace un par de años, conocí a Marisol, una madre que vive en el campamento rural “La Farfana” en la comuna de Maipú, en el sector poniente de la ciudad de Santiago de Chile. Ella, casada con dos hijos, vive en una mediagua entregada por la Fundación Un techo para Chile. Tanto el esposo y ella, trabajan para salir adelante con su familia. Sus hijos, que están en enseñanza básica y media, los motiva cada día para ser mejores y salir adelante. Ella es el principal motor y energía de la familia, según cuentan tanto sus hijos como su pareja. Además, como muchas jefas de hogar en Chile, completo sus estudios de educación media en una modalidad especial, permitiendo así mejorar sustancialmente la calidad de vida de ellos. En Chile, las mujeres jefas de hogar (http://estudios.sernam.cl/documentos/?eMTU1MDkzNA==-La_Familia_Chilena_en_el_Tiempo) han ido constituyendo un pilar esencial del desarrollo del país. Cerca del 35% de las familias en Chile son lideradas por mujeres, teniendo lamentablemente menos educación que sus pares hombres. La tasa de analfabetismo de ellas (http://www.ceoc.cl/pdf/Estudios_Opinion/2011/0111_jefa_hogar_maule.pdf) es de cerca del 11 %, en donde en los quintiles más pobres, tiene la autoridad de la mayoría de los hogares chilenos. Chile tiene una enorme deuda con ellas, más aun con la enorme discriminación existente, los altos índices de femicidio y la continua violencia que sus parejas tienen hacia éstas.

La vida no tiene precio. O sí?

Millones de personas, cada día en Chile, tienen que lidiar con uno de los problemas más importantes que existen: la Salud. En nuestro país existen esencialmente dos vías de acceso, el Sistema Público, conocido como Fondo Nacional de la Salud (FONASA) o el Sistema Privado, conocido como (ISAPRES). Por ley, todas las personas que trabajen dependientemente, tienen que cotizar parte de su remuneración a su salud, cercano al 7% de éste. Es bien sabido por todos en Chile, que la diferencia entre ambos sistemas es abismante. Mientras en el público, los meses de espera por atención en hospitales y centros de atención primaria es lenta, inhumana y de baja calidad ( el 80% de los médicos atiende al quintil más rico del país) el sistema privado es mucho más expedito, con tecnología de punta y muy rápida. Además de lo anterior, es conocido que, y aunque es ilegal, exigen en centros de urgencia privados cheques en garantía a los usuarios, muchos de los cuales no tienen el poder adquisitivo para ello. La salud en un país con un ingreso percápita según el FMI de U$19.255 (http://www.duna.cl/noticias/2012/11/27/chile-a-pasos-del-desarrollo-deficit-en-infraestructura-seria-de-us52-mil-mills/) dista mucho de la realidad habitual, sobre todo cuando el 60% de la población tiene ingresos al nivel de los países africanos. Son millones lo que exigen lo mínimo que todo ser humano necesita: salud de calidad.

No deseo con todo lo anterior, señalar que Chile y países similares, tendrán frustradas sus aspiraciones del alcanzar el desarrollo pleno. La pregunta es: ¿Qué desarrollo queremos para nuestros países?,¿Uno que lo único que importe son los bienes de consumo y el dinero, o uno donde, más allá de lo material, estén los valores humanos necesarios para un desarrollo armónico entre la naturaleza y el progreso? Sin duda, es la pregunta esencial del siglo XXI. La Educación no esta ajena a ello, y tal como Sir Ken Robinson dice en sus exposiciones “Debemos dejar de pensar el aula como una fábrica, y pensar en ella, como una familia”.

El desafío para Chile, es justamente el que indico en los párrafos anteriores. El mejor resultado, será aquel que sume no solo las capacidades individuales de las personas, sino que además, el fin común que tenga éste, en la sociedad que construimos cada día.

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Autor: Carlos Ruz F.

Matemático UC. Profesor de Matemática e Incipiente Investigador en Educación. Coordinador General de Fundación Maule Scholar. Columnista en EduGlobal, El Quinto Poder y El Mostrador. Gestor en Resultados de Aprendizaje Activo. Áreas de Interés: Segregación, Mejora Escolar, Inclusión Educativa, Políticas Públicas, etc.

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